Mostrando entradas con la etiqueta solidaridad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta solidaridad. Mostrar todas las entradas

lunes, 23 de enero de 2012

PILDORA NUMERO VEINTE-

Me entero que te dieron una paliza, compañero, y lo siento, lo siento tanto ... pero me muevo protesto, protesto porque tú cuerpo tiene importancia, porque duele porque no has hecho nada, por éso duele más, porque en vez de avanzar, compañero, retrocedemos porque en tú lugar yo tú, y cualquiera puede estar, porque dejarnos humillar no es digno porque imagino tus pensamientos porque el lamento se vuelve impotencia porque trás un porqué llega la rebeldia que cualquier día nos sorprenderá porque el derecho de respirar, caminar, sentir y pensar ya no tiene techo, todo es peligroso y si lo aceptas... estás muerto y si rebelarte quieres tiene sus consecuencia pero merece la pena para que los que pegan empiecen a utilizar su mente y que tengan presente que ni tú compañero, ni muchos más dejaremos que lo vuelvan a intentar porque nos rebelaremos..

martes, 27 de diciembre de 2011

PILDORA NUMERO ONCE.

Arbol que llora, se lamenta, se distorsiona, su sonido ya no fluye, huye como espantado cuando el eco le rebota, no se reconoce, no sabe que es él, qué ha pasado ¿dónde están mis antepasados que no acuden a mí?, sólo me siento, me dejan al desnudo y yo con un lamento, apenas disimulo y para que lo hago si ya a nadie le importo... aunque pensándolo bien me puedo revelar solo tengo que saber qué hacer, ¡ah, ya lo sé!: aprenderé a hablar, lo haré, lo haré con elegancia, adoptaré una pose, rebosaré de colores y tú a mi lado vendrás, me protegerás, cuidarás que nadie me toque, me harás fotos, pagarán por mí y yo permaneceré aquí, puesto como un figurín, utilizando un lenguaje que me costó aprender y en éste momento me contemplo, me despojo de mis vestiduras, desaparecen mis dudas y con tristeza me dirijo a tí arbolito de al lado, que me haces compañía y que con ironia me cuestionas comparándome con algo, actuando, no viviendo, sigo maldiciendo aquél día que, arbolito mío, te dejé de lado.